lunes, 23 de octubre de 2017

Muerte y autopsia de Peter Pan

La ciudad está repleta de versos, no siempre de amor ni alegres, pero todos bellos. Estos versos se recopilan en este volúmen, el primer libro de poesía del autor, unos versos libres que pretender reflejar modernidad a la vez que jugar con las sensaciones del lector. Una definición, en palabras del autor, sería: Ese momento en el que nos damos cuenta de que Peter Pan murió en algún lugar de un implacable crecimiento.




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sábado, 10 de junio de 2017

Poema: Desde la matriz



En mi pequeña oquedad
Mi humilde guarida
Me pregunto que será
Sentir el aire, el despertar
Y casi no puedo esperar
A descubrir todo, incluso
El miedo y la malicia.

Como una pequeña nuez
O arcilla caliente
En el horno de la piel
Casi siendo y hacia el seré
Casi diciendo ¡Viviré!
Sin nombre, ¿O quizás ya tenga?
Sin mácula en mi expediente.

Algunos me llamaran criatura
Otros, hijo, otros ¡Error!
Yo, que crezco sin premura
Como fruta que madura
Ante la vida futura
Y ante la incógnita inocente
Que la genética me dio.

No llevo malas artes
Ni mentiras ni ardides
En mis manos no hay más sangre
Que la del vientre de mi madre
Nazco para el orden y el desastre
Para el bien y el mal
Nazco, y que Dios me guie.

MiguelÁngelSánchez©2017


viernes, 2 de junio de 2017

Ahora llega la muerte: Capítulo dieciséis (Último)


El sheriff de Razor City recibió con los brazos abiertos a los recién llegados, sobre todo cuando supo que los Blackhorn se dirigían allí cuando fueron apresados. Los delincuentes fueron introducidos en una de las celdas de las oficinas del sheriff, donde Marc Blackhorn fue curado de su herida.
Molly Spivot se puso la ropa que, de nuevo, el reverendo del pueblo le había dado, unos pantalones de montar y una camisa, su herida había sido vendada y se había dado un largo y relajante baño.
Al salir vio a Wild en la puerta.
--Ahora tienes mejor aspecto--le dijo.
--Sin duda—sonrió ella—Y no solo por fuera, por dentro me siento mejor.
--Me alegro que estés bien—dijo el pistolero.
--Y yo me alegro que me detuvieras antes—sonrió ella—Si hubiera cruzado esa línea…
--Una vez que se cruza no hay vuelta atrás—dijo Wild—Lo sé por experiencia.
--¿Qué haréis ahora?—dijo Molly viendo como Lechuza roja llegaba junto a ellos.
--Con la recompensa de los Blackhorn—dijo Wild—Quizás compremos una casa en un sitio tranquilo, por cierto.
Se acercó a su caballo y sacó un saco de piel.
--Esto te pertenece—dijo dándoselo.
Molly sabía perfectamente lo que era.
--No puedo aceptarlo—dijo.
--No seas tonta—dijo el pistolero—La mitad de la recompensa es tuya, además lo necesitarás si quieres ir a buscar a Ray.
--Ni siquiera sé donde está.
--Por suerte he hablado con el sheriff—dijo Wild—Mandó un telegrama a Austin preguntando por él, hay un Ranger Ray Storn en un pueblo llamado Santa Paz.
--Entonces allí iré—dijo Molly.
Abrazó a Wild y después a Lechuza roja.
--Dale las gracias a Masauru—le susurró al oído.
Después subió al caballo que, antes era de Marc Blackhorn, y ahora era suyo.
--¿Sabrás llegar sola?—le preguntó Wild.
--Iré hacia el sur—dijo Molly—Despacio, pero sin detenerme.
--Cuídate, Molly Spivot—dijo Wild.
--Lo hare, Jacob Wildebeest.
Y se alejó despacio.

El juicio contra los Blackhorn fue rápido, no hizo falta que Molly Spivot declarase, pues aparecieron al menos cinco mujeres que habían sido violadas por los hermanos, después de que estos asesinasen a su esposo o padre, el dueño del banco de Doblon city, que los Blackhorn atracaron con su usual violencia, Roxanne, la madame de Iron city, declaró,  junto con cuatro de sus chicas, los abusos y violaciones sufridas por los acusados. El sheriff McAllahan declaró como testigo del asesinato del reverendo Williams por parte de los Blackhorn, a pesar de que él había cometido un delito al negociar con ellos y dejarles marchar, delito que le costaría su placa.

Al día siguiente, todo Razor City se arremolinó en la plaza principal, todo estaba preparado para que los hermanos Blake y Marc Blackhorn fueran ejecutados.
--Blake Blackhorn, alias la serpiente---leyó el sheriff del pueblo los cargos—Se te condena por la violación de al menos cinco mujeres, el asesinato de al menos quince hombres y dos niños, el atraco al banco de Doblon City, el asesinato del reverendo de Iron City, escándalo público, amenazas…
Aquello duró un rato, después leyó los cargos contra Marc Blackhorn, los cuales eran, en cierto modo, los mismos que su hermano.
--¿Tienen algo que decir?—preguntó el sheriff después.
Marc no dijo nada, pero Blake tenía la boca más suelta a pesar de tener una soga alrededor del cuello.
--Ahora parecéis muy felices—dijo—Pero ya vendrá otro, otra serpiente, hay mas como yo, eso me consuela, malditos paletos. Porque vendrán a por vosotros…
 --Puede venir quien quiera—dijo Wild—Pero ahora llega la muerte… para los dos.
El sheriff le hizo un gesto al verdugo y este movió la palanca, los dos cuerpos cayeron casi un metro, el cuello de Marc se partió de una, con un sonido crepitante, Blake aguantó más, su cabeza se fue poniendo roja por momentos y sus ojos casi se le salieron de las órbitas, pataleaba mientras era estrangulado.
Wild desvió la mirada, no tenía necesidad de ver aquello, Lechuza roja no parecía, sin embargo, afectada lo más mínimo.
--No bailaré para guiar estas almas—se dijo.
Todo el mundo aplaudió ante la muerte de aquellos dos canallas, esos dos asesinos y violadores, después la plaza quedó desierta salvo por el enterrador, que con su ayudante guardaba los cuerpos en sus cajas, preparadas de antemano.
El cuerpo del mexicano apareció días después, casi en los huesos, cuando el caballo se cansó de galopar y se detuvo, ya muy lejos del estado de Colorado, en el río Yellowstone para saciar su sed, los otros tres fueron enterrados en una misma tumba con una sola inscripción.

“Hermanos Blackhorn, asesinos”

La ciudad de Santa Paz hacía honor a su nombre, era pacífica y tranquila, casi colindando con México, ambas razas se mezclaban en ella pero no solían ocasionar problema ninguno.
Molly entró a caballo, con ropa nueva, observando los edificios de cemento blanco, todo era muy mexicano allí.
El viaje había sido largo, pero tranquilo, no se había cruzado con nadie peligroso, solo con un grupo de apaches que, al ver que era solo una muchacha y que iba metida en sus pensamientos, no le habían hecho nada.
Llegó y se detuvo ante la oficina del ranger, bajó de su caballo y se quedó de pie delante del edificio, de repente estaba nerviosa.
Entró y vio al Ranger Ray Storn de espaldas.
--¿Quién es?—preguntó el hombre sin volverse.
--Soy yo—dijo ella.
El ranger se giró y, al verla, sonrió.
--Señorita Spivot—dijo—No te esperaba.
Molly se acercó a él.
--Pues aquí me tienes—dijo.
--¿Y ese negocio que tenías entre manos?
--Saldado.
--Entonces—sonrió el ranger--¿Te quedas?
Molly sonrió.
--Me quedó—dijo—Si tu quieres.
--No deseo otra cosa—dijo él—No he podido dejar de pensar en ti desde que te vi en Fort Green Lizard.
--Ni yo—dijo ella.
--Solo espero que esta vez no nos interrumpa otra serpiente.

--No—sonrió Molly—Ya no habrá más serpientes.


FIN

sábado, 27 de mayo de 2017

Ahora llega la muerte: Capítulo quince.



Los caballos de Blake y Marc Blackhorn casi acabaron muertos al galopar tanto, y de no haberse detenido lo hubieran hecho.
Pero una visión que era horrible incluso para alguien como esos asesinos y violadores les detuvo, a la orilla del río, Donald Blackhorn estaba atado a un árbol, con el torso desnudo y todo lleno de heridas, a los pies, una rama fina estaba ensangrentada, alguien, quien le hubiera torturado, había usado esa rama como improvisado látigo.
--¡Donald!—exclamó Marc saltando de su caballo.
Corrió hacia él, alzó su cabeza, la cual estaba con la barbilla tocando el pecho, e intentó, inútilmente, espabilarle.
--¡Esta muerto!—exclamó--¡Canallas!
Blake Blackhorn bajó de su caballo, no obstante, manteniendo la calma, miró a su alrededor, no vio más que una mula vieja muerta por un disparo, y un rastro de sangre que se perdía a lo lejos.
--¿Quién diablos ha sido?—preguntó--¿Quién esta tan loco como para hacerle esto a un Blackhorn?
--¿Y ese sucio mexicano?—preguntó Marc--¿Dónde está?
--Espero que esté muerto—dijo Blake—Porque si de lo contrario a huido como un cobarde,  pronto lo estará.
Los dos caballos estaban a cinco pasos de ellos, el disparo hizo que salieran corriendo, pero se detuvieron, y una palmada en sus traseros de Lechuza Roja los alejó todavía más de sus dueños.
--¡Los caballos!—exclamó Marc
--¡Alto ahí!—gritó Wild.
Salió de detrás de unos árboles, apuntándoles.
--El caza recompensas—dijo Blake.
Molly salió desde otro árbol, portando otro revólver.
--Vais a pagar por lo que le hicisteis a mi familia—dijo.
Blake la miró y después miró a su hermano, ambos sonrieron ante el poco temor que esa niña les daba.
--No nos das ningún miedo—dijo Blake.
--Entonces deberíais temerme a mí—dijo Wild.
--¿Y usted quién es?—preguntó Marc.
--Eso no importa.
--Si un hombre intenta apresar a un Blackhorn al menos debería decir su nombre.
--Lo importante es que pronto estaréis colgando de una cuerda—dijo Wild—Por todos vuestros crímenes.
--No lo creo—dijo Blake llevando la mano hacia su revólver.
--¡Quieto!—dijo Wild—No dudaré en disparar a una rata como tú.
--No eres más rápido que yo—dijo la serpiente.
Se miraron mutuamente, Blake iba estaba decidido a desenfundar y disparar, Lechuza roja sacó su hacha, dispuesta a matar a ese hombre o a su hermano si hacía falta.
--No lo hagas, hermano—dijo Marc.
--¿De qué hablas?—preguntó Blake--¿Piensas dejar que este idiota nos aprese?
--No pienso dejar nada—dijo el hombre.
Sacó su arma y apuntó a Molly, la chica se sobresaltó ¡Se había confiado!, apretó el gatillo con miedo, casi sin darse cuenta de que lo hacía, dos balas salieron, una de cada arma.
 
Marc Blackhorn cayó al suelo con una herida en la pierna, pero todavía podía disparar, o eso creía, Molly estaba de pie, apuntándole, petrificada, ¡Era incapaz de apretar el gatillo!, Marc apuntó a su rostro dispuesto a acabar con ella, pero el filo del hacha en su muñeca hizo que el disparo se desviase.
--¡Corre, Molly!—gritó la amerindia.
Molly corrió para esconderse detrás del árbol.
Wild desvió solo un segundo la mirada hacia Molly y Blake desenfundó, pero no era más rápido que su oponente y recibió un disparo en su arma recién sacada, que cayó al suelo.
--¡Quieto!—gritó--¡O la próxima te matará!
Lechuza le había quitado el arma a Marc, que se palpaba la herida de la mano, corrió para recoger el arma de Blake y se la dio a Wild.
Molly volvió a salir, ahora más confiada.
--Bien—dijo Wild apuntando a ambos hombres, a uno con cada revólver—Chicas, desatad a ese muerto, usaremos esa cuerda para estos dos miserables.
Molly dio un paso hacia Donald y se tambaleó, sintió un dolor en un costado, entonces vio que estaba herida.
--¡Molly!—exclamó Lechuza roja--¡Te han dado!
--Estoy bien—dijo Molly—Acabemos con esto.
Desataron a Donald, que cayó al suelo sin vida.
--Coge a tu hermano—ordenó Wild a Blake.
Blake obedeció, no sin lanzar mil insultos y maldiciones, Lechuza roja ató a Marc con las manos a la espalda y el hombre quedó de rodillas,  gemía de dolor, un reguero de sangre salía del agujero de bala de su pierna.
--Hacerle un torniquete—dijo Blake—O morirá.
--La recompensa es vivo o muerto—dijo Wild.
--Pero quiero vivir un día más—dijo Marc.
Molly se acercó a él mientras Lechuza roja ataba las manos de Blake a la espalda, sin decir nada  cogió una piedra y le golpeó la cabeza con ella, causándole una brecha.
--¡Molly!—exclamó Wild.
--Tranquilo—dijo ella—Él me hizo lo mismo, y mucho más.
--Ese arma es de mi hermano—dijo Marc fijándose en el revólver de la chica—Al que habéis matado.
Molly se acercó a él enfurecida, vio algo que brillaba bajo el cinturón del hombre, era una navaja, la recordaba perfectamente, esa navaja había rasgado primero las ropas de su madre para ser después violada, la cogió, la abrió y acercó el filo al cuello del hombre.
--¿Y ahora?—dijo--¿Quién es la víctima?
Marc sintió el frío metal en su yugular y se quedó quieto.
--He matado a tu hermano—dijo Molly—Le he atado a ese árbol y le he golpeado hasta que me he cansado. ¿Por qué no debería hacer lo mismo contigo?
Wild estaba atando a Blake a su caballo, pero escuchaba los comentarios de Molly, Lechuza roja miraba callada, casi temía a esa chica.
--¿Por qué no debería matarte cuando tu y el miserables de tu hermano matasteis a mi familia?—preguntó Molly—Voy a cortarte el cuello y después a él. ¿Qué te parece?
--Ya vale, pequeña—dijo Wild.
Pero Molly no le escuchó, él tampoco se movió de donde estaba  a pesar de que podía ir y detenerla, Molly se agachó para coger un palo, el primero que vio, y le obligó a abrir la boca al hombre con él.
Marco Blackhorn gimió de dolor, el palo incluso le partió varios dientes,  Molly introdujo este más todavía, lo sacó y lo metió hasta el fondo, haciéndole daño en el cielo de la boca, lo sacó y lo metió, así repetidas veces, con violencia.
--¿Qué se siente?—le preguntaba—Dime, canalla ¿Qué se siente?
Sacó el palo, Marc tenía la boca ensangrentada.
--¡Estás loca!—gritó.
--¿Loca?—se enfadó Molly.
Golpeó la cabeza de Marc de nuevo, ahora con dicho palo, y este cayó al suelo, Molly le rodeó y le empujó hacia delante de modo que quedase con la cara pegada al suelo.
--Molly—dijo la india--¿Que vas a hacer?
--Equilibrar la maldita balanza—dijo ella.
Y sin pensárselo casi arrancó los pantalones a Marc.
--Ahora vas a saber lo que se siente—dijo.
Wild agarró el brazo de la chica, deteniéndola.
--¿Qué haces?—preguntó ella.
--Déjalo, Molly—dijo Wild—Ya está, ya los tenemos.
--No—dijo ella—Quiero que sufran lo que yo, lo que mi madre, quiero que mueran.
--Y morirán—dijo Wild—Pero como debe de ser, en la horca.
Molly forcejeó con él, el palo cayó al suelo, Wild podía reducirla, pero temía hacerle daño, no obstante supo que tenía que parar aquello, la apartó de Marc, que lloraba como un niño temiendo ser violado.
--¡Ya basta!—gritó--¡No hagas tonterías!
--¿Tonterías?—dijo Molly--¿Tonterías?
Se sintió mareada de repente, había ignorado su herida y esta le estaba empezando a pasar factura, de no ser por Wild, que la sujetó, hubiera ido directa al suelo.
--Vale—dijo Wild—Tranquila, te pondrás bien.
Sentó a Molly en el suelo y comenzó a examinarle la herida.
--¿Que vas a hacer con ellos?—preguntó ella.
--Llevarlos a Razor city y cobrar la recompensa—dijo Wild.
--Vale.
--Habrá que mirarte esa herida—dijo Lechuza.
--Solo es un rasguño—dijo Molly.
--Tiene razón—dijo—Has tenido suerte.
--O que Masauru también te protege—dijo la amerindia.
Ataron a Marc al otro caballo y Molly subió en él, ambos fueron amordazados, ya que no dejaban de insultar y amenazar, ll cuerpo de Donald fue puesto sobre el caballo de su hermano Blake, y marcharon hacia Razor City.

Terminará

lunes, 22 de mayo de 2017

Ahora llega la muerte: Capítulo catorce


Razor City casi podía verse en el horizonte, era una tenue silueta, todavía borrosa, Molly encabezó el grupo ansiosa, creyendo que los Blackhorn estarían allí, no obstante, no dejaba de pensar en que haría, y como se enfrentaría a ellos ahora que los kiowa le habían quitado su revólver.
--Wild—comenzó a decir.
--Se lo que piensas, pequeña—dijo Jacob Wildebeest.
--¿Y cómo puedes saberlo?
Wild ignoró la pregunta.
--No tienes arma—dijo--¿Cómo vas a enfrentarte a los Blackhorn?
Molly se hubiera dejado cortar un brazo antes de reconocer que tenía razón, y mucho menos que tenía miedo.
--No pienso rendirme—dijo.
--Entonces acabarás acribillada.
Molly dirigió la mirada al suelo.
--Puede que tenga que ser así.
Wild y Lechuza roja se miraron sorprendidos.
--Creo que si tu destino fuera morir—dijo la india hopi—Hubieras muerto junto con tu familia.
--¿Y tu como sabes eso?—preguntó Molly molesta.
--Te lo dice una mujer que está ligada a Masauru.
Molly no dijo nada, pero empezaba a estar harta de esos comentarios por parte de esa amerindia.
--Solo hay un dios—dijo—Y hace tiempo que me abandonó.
Lechuza roja no le llevó la contraria, sabía que era terca y era inútil discutir con ella, giró la cabeza hacia su izquierda para observar el cauce del río, el sonido de un canto animal llamó su atención, alzó la mirada y vio las alas blancas de una Lechuza.

Chico Valdés y Donald Blackhorn caminaron por el cauce del río, ambos en silencio, concentrados en la misión que Blake, la serpiente, Blackhorn les había encomendado, Donald sabía que si le fallaba se enfadaría bastante, hasta podría expulsarlo del grupo, y, de no ser su hermano, le mataría, el mexicano sabía eso, y como él no tenía parentesco, se jugaba más que su amigo.
Entonces unas formas llamaron la atención de Chico.
--¡Allí!—señaló--¡mira!
Donald fijó la mirada al otro lado del río y distinguió a Molly, iba delante de Wild y Lechuza roja.
--¡Es cierto!—exclamó—¡Esa maldita niña sobrevivió!
--Hasta ahorita, no mas—dijo el mexicano sacando su revólver.
Apuntó a Molly.
-- Cárgate a esa niñata—dijo Donald—Pero no falles, o huirán.
--Nunca fallo, cuate—dijo Chico.
La lechuza voló sobre ellos.

--¡A cubierto!—exclamó Lechuza roja saltando de su caballo.
El sonido del disparo dio en el cuello de la mula de Molly, esta se encabritó y tiró a su jinete al suelo, Wild, que había saltado de su montura con rapidez, se acercó a Molly y tiró de ella hasta ponerla a cubierto junto a una roca.
--¡Son los Blackhorn!—exclamó Molly viendo a Chico y a Donald al otro lado del río.
--Y van armados—dijo Lechuza.
Molly quiso levantarse, pero Wild se lo impidió.
--¿Qué te crees que haces?—le preguntó.
--Vengarme.
--¡Si no vas armada!—le recordó Wild—Si sales ahí te matarán.
--¡Tengo que hacerlo!
--No.
La sujeto, Molly acabó por dejar de forcejar, la voz de Donald se escuchó desde el otro lado del río.
--Escúchame, pistolero—dijo—No sé quién eres, pero no tengo nada contra ti, danos a esa chica y podrás irte.
--¿Y que gano yo con eso?—gritó Wild.
--Continuar con vida—dijo Donald—Otros dos hombres vienen hacia aquí, no tenéis escapatoria.
--¿Qué hacemos?—preguntó la amerindia.
--Dame la pistola—dijo Molly—Yo les mataré.
--Estas a más de cuarenta metros—dijo Wild—Aunque te la diera, no acertarías.
--Pues dispara tú—dijo Molly.
--Yo distraeré a uno de ellos—dijo Lechuza roja.
--¿Y cómo piensas hacerlo?
--Confía en mí.

Mientras, Blake y Marc ya habían oído el disparo, y habían subido a sus caballos para galopar río arriba, era cuestión de tiempo que se topasen con los tres.

Donald se mantenía atento, sin apartar la mirada al otro lado del cauce, cuando vio una silueta salir unos metros más abajo, de detrás de unos matorrales.
--¡Allí!—dijo—Mira.
Ambos hombres clavaron su mirada donde señalaba, era fácil ir desde la roca donde se ocultaban hasta allí, e intentar huir, sonrieron, no creían para nada que iban a ver aquello.
El dios Masauru salió de detrás de los matorrales, bailando y cantando en su lengua natal, como si guiase unas almas al otro lado, pero ¿Qué almas?
--¿Qué demonios?—se extrañó Donald—Cárgate a esa cosa.
Wild salió y disparó, la bala dio a Chico en el pecho, este estaba sobre su caballo y cayó hacia atrás, el animal se asustó y puso sus patas delanteras al viento para después correr.
--¡Chico!—gritó Donald.
El caballo se precipitó al agua del río con su jinete enganchado a las riendas por el pie, se atascó en medio, relinchando, el mexicano estaba sumergido, sin posibilidad de salir a flote.
Donald, confuso, decidió correr a salvar a su amigo, terminando con la vida del caballo si era necesario, pero el dios Masauru, que continuaba bailando, sacó su hacha de piedra y la lanzó por el aire hasta clavarla en su pecho, matándolo.
El caballo consiguió salvar el río y corrió, pasando por al lado de Wild como poseído, y con Chico todavía enganchado, por mucho que el hombre gritó, el animal no se detuvo.
--¡Míralo!—exclamó Molly--¡Valiente miserable! ¡Te lo mereces!
Y lanzó una carcajada mientras caballo y hombre se alejaban, el desierto y sus rocas fueron los que acabaron con el mexicano, que pronto fue un cuerpo sin vida lleno de golpes y heridas.
Wild y Lechuza roja, que ya se había quitado la máscara del dios Masauru, se miraron mutuamente mientras Molly reía, ambos supieron que era una risa fuera de control, y malvada, ¿Dónde estaba la joven que le había pedido ayuda en Iron City? Esa chica disfrutaba con la muerte ajena, algo que ni siquiera Wild hacía.
--Molly, tranquila—dijo Lechuza roja.
Molly la miró, seriamente, como si se preguntase ella también en que se estaba convirtiendo, después se adentró en el río y se acercó al cuerpo de Donald, cogió su arma.
--Ahora esperaremos a los otros dos—dijo—Pero con una sorpresa.
--¿De qué hablas?—dijo Lechuza roja.
--Ven y ayúdame con esto—dijo Molly refiriéndose al cuerpo de Donald.
--Déjalo—dijo Wild—Ya está muerto.
--¡Ya lo sé!—dijo Molly—Pero venir a ayudarme.
--No hagas tonterías—dijo Wild.
--Si dejo que el río se lo lleve no cobrarás la recompensa—dijo Molly—Y ya has perdido al mexicano.
Wild, a su pesar, supo que tenía razón, y acudió a ayudarla, pero se preguntaba que salvajada se proponía esa chica.


Continuará

viernes, 19 de mayo de 2017

Reseña: La Ciudad Amarilla, de Julio Manegat



Pocas veces califico a un libro como clásico contemporáneo, esta vez, como clásico contemporáneo ignorado, injustamente, en mi opinión.
Este libro llegó a mí por casualidad, una edición de 1958, año de su publicación, viejo y con algunas hojas pendientes de un hilo, por así decirlo, a punto de caerse, y es que La Ciudad Amarilla, y todas las obras de Julio Manegat, dejaron de editarse hace tiempo, a pesar de que el autor y periodista publicó una veintena de obras entre narrativa, teatro, novela y ensayos.

La ciudad amarilla cuenta la vida de Eulogio Bonastre, un taxista de Barcelona, de su familia: Mercedes, su esposa, Elena, su hija, y sus hijos Martin y Eugenio.  Manolo, compañero de trabajo de Martin en el taller mecánico, de Ricardo Rovira Rusiñol, un industrial textil que está a punto de casarse, de El Nanu, un amigo de Martin… y de otros personajes pertenecientes a esa ciudad, no Barcelona, sino el taxi de Eulogio, su viejo  y destartalado taxi, que encima no es suyo, sino de su jefe.

El libro habla sobre la muerte, muy presente en la obra, sobre Dios y la fe, -Martin y Manolo elucubran sobre la existencia de Dios-, sobre las ciudades, que a veces unen  y otras veces separan tajantemente a las personas, sobre el sexo, sobre la España de la época, -no olvidemos el año en que la obra se escribió, 1958- y, en definitiva, sobre la vida de las personas obligadas a trabajar día tras día para mantener su familia.

La novela se quedó finalista del premio planeta en el año 1958, cuando el premiado fue Fernando Bermúdez de Castro con la obra Pasos sin huella, años más tarde, Manegat  volvió a quedar finalista con Spanish Show, en 1965, cuando el ganador fue Rodrigo Rubio con Equipaje de amor para la tierra.


¿Es Julio Manegat- y su obra- un autor olvidado? Pudiera ser, porque los últimos años del autor fueron silenciosos, murió en 2011 a los noventa años, después de toda una vida de trabajo, crítico literario, subdirector de la revista El Noticiero Universal. Escribió poesía, Canción en la sangre, 1948, Teatro, Els nostres díes, ganó el premio Cuitat de Barcelona con la novela La feria vacía en 1961, dos veces finalista del planeta, premio nacional de teatro, y un largo etcétera.

No obstante, su obra apenas se edita hoy, -sus libros solo pueden encontrarse en tiendas de segunda mano-, él vivió en una época donde la novela, y los premios literarios, sobre todo, no estaban dominados por los presentadores y las celébrities que un día se despiertan con ganas de escribir, una época donde lo importante de escribir era escribir, no convertirse en un Best-Sellers a toda costa.


En definitiva, La Ciudad Amarilla podría haber sido un clásico moderno, quizás lo sea, pocas novelas son tan humanas como esta, tan sinceras y crudas, con un punto de convergencia de los protagonistas que hacen de la obra un libro difícil de olvidar incluso cuando se ha terminado. Grande Manegat.

Otra reseña de La Ciudad Amarilla. Con Spoilers:

http://www.latertuliadelagranja.com/?q=book/export/html/582

Reportajes sobre el autor:


http://nalocos.blogspot.com.es/2011/08/julio-manegat.html



lunes, 15 de mayo de 2017

Ahora llega la muerte: Capítulo trece



Los Blackhorn cabalgaban sin parar, levantando un hilo de polvo tras ellos, sin detenerse en las siguientes cuatro horas, fue Marc, quizás el más sensato, el que adelantó al grupo y se detuvo, haciendo que sus hermanos y el mexicano se detuvieran también.
--Si continuamos cabalgando los caballos morirían—dijo.
--Quiero llegar a Razor city cuanto antes—dijo Blake Blackhorn.
--Todos lo queremos—dijo ahora Donald—Pero si perdemos los caballos será peor.
Blake sabía, a pesar de su orgullo, que tenían razón.
--Maldita sea—dijo—Teníamos que haber colgado a esa zorra junto con su madre.
--Pronto podrás hacerlo—dijo Marc—Pero paremos en el río un momento, allí descansaremos y los caballos podrán beber agua.
Se dirigieron al río, a unos quinientos metros de donde estaban. Bajaron de sus caballos y los animales bebieron agua como si no hubiera suficiente, sin duda el viaje les había agotado.
Blake Blackhorn se separó y miró el suelo en busca de huellas, al instante supo que muchos caballos habían estado allí, seguramente nativos.
--Espero no encontrarme con más sucios indios—dijo como si le hablase a alguien—No tenemos con que negociar con ellos.
Mientras sus hombres se lavaban, pues hacía meses que no lo hacían, observó el horizonte en busca de los dueños de las huellas, pero estarían ya lejos, tampoco podía verse Razor City, se recriminó a si mismo que no tendrían que haberse detenido.
Al volver el mexicano le habló.
--Tranquilo, jefe—dijo—Esa niña no tiene nada que hacer contra nosotros.
--Ese sheriff cobarde dijo que iba con un caza recompensas—dijo Blake.
--¿Y qué?—dijo Chico—Nunca nos dieron miedo los caza recompensas.
--Lo sé.
Miró a Donald y Marc, que ya salían, con sus torsos desnudos, del río.
--Chico—dijo—Tengo una idea.
--Diga, jefe.
--Adelántate hacia Razor city, pero no por aquí, por el otro lado del río—explicó Blake—Si nos llevan ventaja deben de estar casi llegando, perdimos mucho tiempo en Iron City.
--¿Y qué pasa si los veo?—preguntó el mexicano.
--si es vedad que va con un caza recompensas—dijo el jefe—Mátalo a él primero, y tráeme a esa zorra para que ajustemos cuentas.
Miró a Donald.
--Ve con él.
--¿Y qué haréis vosotros?—preguntó este.
--Nos quedaremos aquí por si todavía no han llegado—dijo--Si lo hacen haremos lo mismo, matar primero a ese miserable que cree que puede cazarnos. Quien primero los encuentre que vuelva sobre sus pasos.
--Hecho, jefe—dijeron los dos.
El mexicano y Donald cruzaron el río con sus caballos y trotaron, ahora más tranquilos, dirección Razor city, Mientras, Blake y Marc esperaron allí, también tranquilos, pero no obstante vigilantes.

Continuará