lunes, 22 de mayo de 2017

Ahora llega la muerte: Capítulo catorce


Razor City casi podía verse en el horizonte, era una tenue silueta, todavía borrosa, Molly encabezó el grupo ansiosa, creyendo que los Blackhorn estarían allí, no obstante, no dejaba de pensar en que haría, y como se enfrentaría a ellos ahora que los kiowa le habían quitado su revólver.
--Wild—comenzó a decir.
--Se lo que piensas, pequeña—dijo Jacob Wildebeest.
--¿Y cómo puedes saberlo?
Wild ignoró la pregunta.
--No tienes arma—dijo--¿Cómo vas a enfrentarte a los Blackhorn?
Molly se hubiera dejado cortar un brazo antes de reconocer que tenía razón, y mucho menos que tenía miedo.
--No pienso rendirme—dijo.
--Entonces acabarás acribillada.
Molly dirigió la mirada al suelo.
--Puede que tenga que ser así.
Wild y Lechuza roja se miraron sorprendidos.
--Creo que si tu destino fuera morir—dijo la india hopi—Hubieras muerto junto con tu familia.
--¿Y tu como sabes eso?—preguntó Molly molesta.
--Te lo dice una mujer que está ligada a Masauru.
Molly no dijo nada, pero empezaba a estar harta de esos comentarios por parte de esa amerindia.
--Solo hay un dios—dijo—Y hace tiempo que me abandonó.
Lechuza roja no le llevó la contraria, sabía que era terca y era inútil discutir con ella, giró la cabeza hacia su izquierda para observar el cauce del río, el sonido de un canto animal llamó su atención, alzó la mirada y vio las alas blancas de una Lechuza.

Chico Valdés y Donald Blackhorn caminaron por el cauce del río, ambos en silencio, concentrados en la misión que Blake, la serpiente, Blackhorn les había encomendado, Donald sabía que si le fallaba se enfadaría bastante, hasta podría expulsarlo del grupo, y, de no ser su hermano, le mataría, el mexicano sabía eso, y como él no tenía parentesco, se jugaba más que su amigo.
Entonces unas formas llamaron la atención de Chico.
--¡Allí!—señaló--¡mira!
Donald fijó la mirada al otro lado del río y distinguió a Molly, iba delante de Wild y Lechuza roja.
--¡Es cierto!—exclamó—¡Esa maldita niña sobrevivió!
--Hasta ahorita, no mas—dijo el mexicano sacando su revólver.
Apuntó a Molly.
-- Cárgate a esa niñata—dijo Donald—Pero no falles, o huirán.
--Nunca fallo, cuate—dijo Chico.
La lechuza voló sobre ellos.

--¡A cubierto!—exclamó Lechuza roja saltando de su caballo.
El sonido del disparo dio en el cuello de la mula de Molly, esta se encabritó y tiró a su jinete al suelo, Wild, que había saltado de su montura con rapidez, se acercó a Molly y tiró de ella hasta ponerla a cubierto junto a una roca.
--¡Son los Blackhorn!—exclamó Molly viendo a Chico y a Donald al otro lado del río.
--Y van armados—dijo Lechuza.
Molly quiso levantarse, pero Wild se lo impidió.
--¿Qué te crees que haces?—le preguntó.
--Vengarme.
--¡Si no vas armada!—le recordó Wild—Si sales ahí te matarán.
--¡Tengo que hacerlo!
--No.
La sujeto, Molly acabó por dejar de forcejar, la voz de Donald se escuchó desde el otro lado del río.
--Escúchame, pistolero—dijo—No sé quién eres, pero no tengo nada contra ti, danos a esa chica y podrás irte.
--¿Y que gano yo con eso?—gritó Wild.
--Continuar con vida—dijo Donald—Otros dos hombres vienen hacia aquí, no tenéis escapatoria.
--¿Qué hacemos?—preguntó la amerindia.
--Dame la pistola—dijo Molly—Yo les mataré.
--Estas a más de cuarenta metros—dijo Wild—Aunque te la diera, no acertarías.
--Pues dispara tú—dijo Molly.
--Yo distraeré a uno de ellos—dijo Lechuza roja.
--¿Y cómo piensas hacerlo?
--Confía en mí.

Mientras, Blake y Marc ya habían oído el disparo, y habían subido a sus caballos para galopar río arriba, era cuestión de tiempo que se topasen con los tres.

Donald se mantenía atento, sin apartar la mirada al otro lado del cauce, cuando vio una silueta salir unos metros más abajo, de detrás de unos matorrales.
--¡Allí!—dijo—Mira.
Ambos hombres clavaron su mirada donde señalaba, era fácil ir desde la roca donde se ocultaban hasta allí, e intentar huir, sonrieron, no creían para nada que iban a ver aquello.
El dios Masauru salió de detrás de los matorrales, bailando y cantando en su lengua natal, como si guiase unas almas al otro lado, pero ¿Qué almas?
--¿Qué demonios?—se extrañó Donald—Cárgate a esa cosa.
Wild salió y disparó, la bala dio a Chico en el pecho, este estaba sobre su caballo y cayó hacia atrás, el animal se asustó y puso sus patas delanteras al viento para después correr.
--¡Chico!—gritó Donald.
El caballo se precipitó al agua del río con su jinete enganchado a las riendas por el pie, se atascó en medio, relinchando, el mexicano estaba sumergido, sin posibilidad de salir a flote.
Donald, confuso, decidió correr a salvar a su amigo, terminando con la vida del caballo si era necesario, pero el dios Masauru, que continuaba bailando, sacó su hacha de piedra y la lanzó por el aire hasta clavarla en su pecho, matándolo.
El caballo consiguió salvar el río y corrió, pasando por al lado de Wild como poseído, y con Chico todavía enganchado, por mucho que el hombre gritó, el animal no se detuvo.
--¡Míralo!—exclamó Molly--¡Valiente miserable! ¡Te lo mereces!
Y lanzó una carcajada mientras caballo y hombre se alejaban, el desierto y sus rocas fueron los que acabaron con el mexicano, que pronto fue un cuerpo sin vida lleno de golpes y heridas.
Wild y Lechuza roja, que ya se había quitado la máscara del dios Masauru, se miraron mutuamente mientras Molly reía, ambos supieron que era una risa fuera de control, y malvada, ¿Dónde estaba la joven que le había pedido ayuda en Iron City? Esa chica disfrutaba con la muerte ajena, algo que ni siquiera Wild hacía.
--Molly, tranquila—dijo Lechuza roja.
Molly la miró, seriamente, como si se preguntase ella también en que se estaba convirtiendo, después se adentró en el río y se acercó al cuerpo de Donald, cogió su arma.
--Ahora esperaremos a los otros dos—dijo—Pero con una sorpresa.
--¿De qué hablas?—dijo Lechuza roja.
--Ven y ayúdame con esto—dijo Molly refiriéndose al cuerpo de Donald.
--Déjalo—dijo Wild—Ya está muerto.
--¡Ya lo sé!—dijo Molly—Pero venir a ayudarme.
--No hagas tonterías—dijo Wild.
--Si dejo que el río se lo lleve no cobrarás la recompensa—dijo Molly—Y ya has perdido al mexicano.
Wild, a su pesar, supo que tenía razón, y acudió a ayudarla, pero se preguntaba que salvajada se proponía esa chica.


Continuará

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